SAULO es más que un simple musical como tantos otros. Es una verdadera ópera-rock, que no tiene nada que envidiar a otras, como por ejemplo, El diluvio que viene, o Jesucristo Superstar. Al menos, en lo relativo a imaginación y talento.
Este montaje de la obra consigue que el público, poco a poco, se vaya sintiendo parte del espectáculo. Hasta el punto de que, sin darnos cuenta, nos hemos ido involucrando en la historia, nos ha emocionado, nos ha hecho reir, nos ha hecho llorar, y casi casi, hasta cantar y bailar.
Esta forma de comunicar, valorando la manera de contar la historia tanto como la historia misma, consigue que el mensaje cristiano llegue al corazón (a cualquier corazón), directo y profundo como una flecha. Por eso me parece un poco "pecado" que sólo unos pocos tengamos acceso a una manifestación artística que debería difundirse y compartirse mucho más, no sólo al servicio de los valores cristianos, sino también a los del arte.
Sinceramente, no me sorprendería que SAULO llegase a triunfar en Broadway y en el cine, previo paso por Londres y la Gran Vía. Al tiempo. Y con pocos cambios, los que dependen de medios económicos.


